Cédulas Reales Universidad del Rosario

Artículos

Educación y Castigos en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario
Análisis de la Real cédula del 21 de noviembre de 1798

Alberto José Campillo Pardo

El mundo colonial ha sido tratado tradicionalmente como una empresa de la modernidad. La historiografía tradicional nos habla del Descubrimiento de América como una hazaña del Renacimiento, típica del humanismo, y del espíritu renovador del mundo moderno. En este sentido, 1492 es un año que para la historiografía tradicional marca un cambio en el statu quo medieval y en el que el Nuevo Mundo abre una posibilidad para la realización de utopías modernas, enmarcando los procesos de conquista y colonia dentro de esta denominación. Sin embargo, estas aproximaciones son insuficientes para entender la complejidad del mundo colonial, pues en su afán de insertar la epopeya americana dentro del 'mundo de la luz', desconocen la verdadera ascendencia de las colonias españolas en América.

Con los procesos de conquista y colonia de América, y en especial de la Nueva Granada durante los siglos XVI y XIX, se lleva a cabo una implantación de instituciones sociales y de gobierno, las cuales eran necesarias para llevar a cabo esta empresa de expansión del Imperio Español. Estas instituciones, que se fueron afianzando y decantando durante los siglos XVI y XVII, son de carácter medieval y fueron tomadas más o menos directamente de Europa. Esto se debe a que la América Colonial hace parte del mundo medieval europeo, no solo como heredera de sus instituciones y prácticas, sino como parte de un proceso histórico continuo que va desde el siglo V d.C., hasta la caída del 'Ancien Régime' tras la Revolución Francesa de 1789.

Así pues, para tener una visión histórica más completa y global, procesual si se quiere, del proceso colonial, tiene que reconocerse una lógica de dominación surgida de occidente, que implicaba la “transferencia y reproducción de instituciones y de mentalidades europeas, aunque sin ignorar una realidad original, irreductible a una simple repetición, (que) toma forma en las colonias del Nuevo Mundo” (Baschet, 2004). El caso de la educación, fue un ejemplo de esto.

Desde su fundación, el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario se caracterizó por su gran filiación a la doctrina Tomista, de la cual su rector y fundador, Fray Cristóbal de Torres, era muy afecto. En este sentido, en los primeros 150 años de su existencia las cátedras de Filosofía, Teología y Cánones, ejes centrales de la educación rosarista, se centraban en el pensamiento del filósofo escolástico. De hecho, tal como lo afirman las constituciones, era objetivo de la Universidad, y una parte de su misión, ser semillero “de la Doctrina de Santo Tomás, y sus colegiales imágenes formadas a la semejanza del Santo Doctor Angélico” (Constituciones, folio 12. Título IV).

Sumado a la enseñanza de la escolástica medieval basada en el tomismo, el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario también implementó las formas de castigo presentes en el mundo medieval Europeo. Según Antonio Rivera García, el castigo en la Edad Media, tenía diferentes acepciones, pero la que nos interesa es aquella que ve al castigo como “la pena recibida por incumplir un mandamiento de Dios o una ley humana” (Rivera, A. 2005. p.2), es decir, el castigo como disciplina, una pena impuesta cuando se quebranta la obediencia.

Esta disciplina se llevaba a cabo de acuerdo a la lógica medieval según la cual el castigo físico era una forma de purificación, siendo la flagelación una de las prácticas más comunes, al ser una herencia de las prácticas monásticas de la Iglesia. En el caso del Rosario no fue distinto. Desde su fundación hasta 1798, la forma principal de castigo para los colegiales fue la flagelación, conocida como “la pena de azotes”. Sin embargo, con Cédula Real del 21 de noviembre de 1798, el Rey Carlos III solicita que:

“…se forme un reglamento sobre el castigo de los Colegiales; y la otra disponiendo que en vez de la pena de azotes, que queda abolida; se les imponga la de ayuno, encierro, pricion fuerte y espulsion del seno del colegio. (sic.)” (Carlos III, 1798. Folio 125, recto, líneas 3-9)

En este punto cabe preguntarse ¿a qué se debió este cambio en los castigos? Y en ese sentido ¿Existió un cambio en la lógica de la educación por esas fechas? La respuesta a esta pregunta es sí, y tiene que ver con el ascenso en España de una nueva monarquía, los Borbones, adeptos al movimiento de la Ilustración.

Con la evolución del conocimiento en el mundo occidental, y el arraigo en Europa de nuevas corrientes de pensamiento, hijas del humanismo del Renacimiento, se consolidaron en la Ilustración. Esta puede ser entendida como

“aquel movimiento cultural y científico que en virtud delos tres grandes ideales heredados del Renacimiento –razón ciencia y progreso-, pretendió, estimulado por un exceso de optimismo, incidir con un criterio totalizante en todos los ámbitos de la vida humana. Sus enemigos naturales: el fanatismo y la ignorancia. Su lucha: la de la luz contra la oscuridad. Su consigna: derrumbar un mundo para levantar otro” (Ortiz, A.P., 2003, p.5).

En España este movimiento tuvo algunas características particulares, pues a pesar de haber entrado en una nueva lógica de universalismo, España seguía siendo la heredera de una tradición católica y tradicional. Así pues, estos elementos tradicionales, se mezclaron con el interés de promover el libre comercio y la renovación de la cultura universitaria (Ortiz, A.P, 2003), y se consolidaron en una serie de reformas promovidas por el rey Carlos III, llamadas las Reformas Borbónicas.

Bajo esta lógica de salir del “oscurantismo medieval” los cambios en la educación en la Nueva Granada, y en especial en el Rosario, no se hicieron esperar y dentro de la Universidad se empiezan a enseñar “nuevos saberes ilustrados”, que según las reformas borbónicas, debían basarse en “un conocimiento científico fundamentado en la física y las matemáticas” (Ortiz, A.P, 2003. p. 10 ), pues lo que buscaba la corona con ello era que se transformaran en un mayor desarrollo del comercio, la industria y la agricultura, de los cuales dependía la supervivencia del Imperio, dejando de lado contra el predominio de la doctrina escolástica medieval en la educación, con todo lo que ello implicaba, incluyendo las formas de castigo físico.

En este sentido, los castigos debían ser más acordes a la época y no debían disminuir la productividad de los estudiantes. Es en este sentido que la mentada Cédula del 11 de noviembre de 1798 ordena a los Colegios del Rosario y San Bartolomé que:

“..y como los cursantes de estudios mayores que asisten à las claces sin ser colegiales deben considerarse ya como de edad competente con los necesarios estimulos de honor capaces de promover su aplicacion, por cuia causa es la practica generalmente seguida en España el que no se castigue con la pena de azotes, que los embilese, y deslustra, abatiendo su animo para en lo subcesivo, con que se perjudica el brillante honor de la carrera que tengan que emprender; se prohibe tambien à los Maestros, y Catedraticos de ambos colegios de San Bartholome, y el Rosario de los estudios de facultades mayores el que puedan castigar a ninguno de sus discipulos con el azote..” (Carlos III, 1798. Folio 128, recto, líneas 19 -20, vuelto 1-9)

En este sentido, la orden buscaba penas más humanas que, aunque seguían siendo severas, no dañaban la capacidad del estudiante de aportar al desarrollo económico, científico y cultural del Imperio, que era el principal objetivo de las Reformas Borbónicas. Pero ¿Cuáles eran las nuevas penas que reemplazarían la “pena de azotes”? La misma cédula responde a esta pregunta, cuando afirma que no se debe:

“…castigar à ningun colegial con la vergonsoza pena de azotes, si con la rigìda y dilatada prisión ayuno, y otras semejantes acudiendo por ultimo efugio à la de estrañamiento sin atenciòn à que con el quede desairado el individuo, pues como esto se dà en pena de su pertinasia; y por jusgarse al paso que … conducente à su bien la permanencia en el Colegio, dañosa à los de mas concolegas por su mal exemplo, no merece consideracion el que como miembro es inutil se separe en el todo…” (Carlos III, 1798. Folio 128, recto, líneas 11 -19)

Es decir que a los colegiales se les debe imponer ayuno y encierro, o prisión fuerte como lo llaman en otro aparte de la Cédula, y en caso de reincidir en mala conducta, se debe expulsar del Colegio Mayor, por ser un mal ejemplo para sus compañeros y fomentar este tipo de conductas.

Ahora bien, además de los castigos, esta cédula refleja otro elemento vital en la nueva política de la monarquía borbónica para sus colonias, esto es, la intervención directa de la Corona y por ende, del Estado colonial, en el desarrollo de la educación. Prueba de ello fue el “Plan Moreno y Escandón” o “Método Provisional de estudios de 1774”, que buscaba desmarcarse completamente de la herencia escolástica de la educación, y que fue impulsado desde la Real Audiencia por Francisco Antonio Moreno y Escandón. En él Moreno y Escandón criticaba a la educación religiosa, por la no utilización de la ciencia como método de acceso al conocimiento.

Estos cambios sociales afectaron directamente a la Universidad, la cual, aunque nunca se volvió pública, si adoptó estos nuevos saberes en su seno, lo cual se corrobora, por ejemplo, con la existencia del actos público llevado a cabo por la universidad en 1773, titulado “Sustentación del sistema heliocéntrico de Copérnico en conclusiones públicas celebradas en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en honor de los excelentísimos virreyes Don Manuel de Guirior y Doña María Ventura Gurior”. En este, Mutis hace una defensa y una exhortación a que los jóvenes neogranadinos sean formados en las ideas de Newton y Copérnico.

Siguiendo esta lógica, la Cédula que concierne a este artículo muestra cómo la Real Audiencia no solo influye en los contenidos de lo que se enseñaba, sino también en los reglamentos disciplinarios del Colegio Mayor del Rosario. En este sentido encontramos la siguiente orden:

“El Rey
Virrey Gobernador y Capitan general del Nuevo Reino de Granada y Presidente de la Real Audiencia de la ciudad de Santafe.
En carta de 25 de mayo de este año doy cuenta con testimonio de lo providenciado para la modificacion del castigo, y recatada crianza de los colegiales de los dos colegios mayores de mi Real Patronato de esa capital nombrados Nuestra Señora del Rosario, y San Bartholomè, a fin de que me digne aprobarlo. Y haviendose visto en mi Consejo de Indias, con lo que dixo mi fiscal, he resuelto, que en una junta compuesta del Regente de la Audiencia, de dos ministros de ella, y de dos prebendados de esa Iglesia metropolitana, que elegireis de los mas zelosos y prudentes para la qual oyendo a mi Fiscal, al Rector del Colegio de Nuestra Señora del Rosario, y al de el de San Bartholomè y teniendo presente la adxunta copia de la respuesta que en 22 de abril ultimo disteis al Rector de dicho colegio del Rosario con las prudentes solidas reflexiones que contienen se forme un reglamento proporcionando al methodo, que sobre el asumpto debe observarse, y hecho le remitais para su aprobacion al referido mi consejo, encargando en el interino a los Rectores, y Maestros pongan el mayor esmero, y ayudado(…) en la educación, y enseñanza usando del castigo con toda prudencia.
Fecho en San Lorenzo a 21 de Noviembre de 1778.
Yo el Rey
Por mandado del Rey Nuestro Señor, Miguel de San Martin Cueto” (Carlos III, 1798. Folio 126, recto, líneas 2 -26)

El anterior folio nos muestra varias cosas sobre la intervención de la corona en el Colegio Mayor del Rosario, durante las Reformas Borbónicas: 1) Que el rey ordena hacer un nuevo reglamento académico, ejerciendo su Patronato 1 , en lo concerniente a los castigos. 2) Que ese reglamento no puede ser llevado a cabo internamente en las Universidades, sino que tiene que estar presidido por el Presidente de la Real Audiencia y el fiscal de la misma y vigilado por autoridades eclesiásticas, en representación de la corona. 3) Que una vez llevado a cabo, dicho reglamento está sujeto a la aprobación del Rey. 4) Que una vez aprobado, es orden real que el Rector y los maestros de la institución deben cumplir a rajatabla dicho reglamento.

Este fenómeno de intervención estatal directa se da en la medida de que las Reformas Borbónicas disponían que “es al Estado a quien compete canalizar y tramitar no solo la eficacia de estos saberes (ilustrados), sino también la dirección efectiva de los mismos” (Ortiz, A.P., 2003, p.10), de manera que la intervención de la Corona y de la administración colonial en la Universidad era una forma más de llevar a cabo este nuevo ideal borbónico de Imperio.

A modo de colofón se pueden enumerar las siguientes conclusiones del análisis de esta cédula real. En primer lugar, que los fenómenos sociales y culturales coloniales, lejos de estar apartados de lo que sucedía en el continente, son un reflejo de ello. En el caso que nos compete, los castigos a los estudiantes son en principio, un reflejo del mundo medieval y después, un reflejo de las nuevas corrientes ilustradas hijas del Renacimiento. En segundo lugar, vemos que la Real Cédula del 21 de noviembre de 1798, expedida por Carlos III, es una herramienta para la implementación de las Reformas que este rey Borbón quería implementar en su Imperio, con el fin de adentrarlo en la lógica universal que se estaba expandiendo por el mundo en ese momento. Finalmente, vemos cómo esta cédula es el reflejo del cambio de mentalidad que se dio en el Imperio Español y que, a largo plazo, llevaría al desarrollo de eventos que convulsionarían el nuevo mundo, y que terminarían en la independencia de las colonias Americanas del Imperio.

Bibliografía

  • Baschet, Jérome. La civilización feudal. Europa del año mil a la colonización de América. México D.F. Fondo de Cultura Económica. 2009.
  • Ortiz, Álvaro P, Reformas borbónicas : Mutis catedrático, discípulos y corrientes ilustradas 1750-1816. Editorial Universidad del Rosario. 2003.
  • Universidad del Rosario, Syllabus de Taller de Cultura Rosarista. Disponible en: http://www.urosario.edu.co/urosario_files/d0/d02d320b-c4a5-443c-b85e-02e31a7211b7.pdf. 2010.
  • De Torres, C. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Bogotá. Disponibles en el Archivo Histórico de la Universidad del Rosario. 1654.
  • Carlos III. Real cédula del 21 de noviembre de 1798 Disponibles en el Archivo Histórico de la Universidad del Rosario. 1798.

Referencias

  • “El Patronato es el derecho o facultad originado hacia el siglo XV por el cual se adquiere una competencia de vigilancia del cumplimiento de ciertos fines. Para el caso del Colegio del Rosario el fundador quiso que los patronos fuesen los Arzobispos de Santafé. Sin embargo, una vez fallado el pleito iniciado por el Rosario contra la Comunidad Dominica, el rey Felipe IV al ratificar las Constituciones en el año 1664 se arroga dicho privilegio comisionando en adelante a quien hiciese las veces de primera autoridad en la Nueva Granada, ya fuese el Presidente de la Real Audiencia, el Presidente de la Nueva Granada o el Virrey. Sucedidos los acontecimientos que pusieron fin al gobierno español en nuestro territorio, el patronato pasó a ser ejercido por quien haga las veces de primer magistrado del país, esto es, el Presidente de la República.” (Universidad del Rosario, 2010. Syllabus de Taller de Cultura Rosarista. Disponible en: http://www.urosario.edu.co/urosario_files/d0/d02d320b-c4a5-443c-b85e-02e31a7211b7.pdf)
Reformas Borbonicas
Reformas Borbonicas
Reformas Borbonicas a la independencia

Encuéntrenos en

Instagram Facebook Twitter